Mi cuerpo, mis reglas: vibradores, fantasías y vergüenza heredada
Trabajo como psicóloga. En consulta veo mucho lo mismo: mujeres que llegan a los 40 sin haberse dado permiso para tener fantasías propias.
Nos educaron a muchas con la idea de que el deseo era cosa de ellos. Nosotras debíamos «corresponder», no inventar. Y ese guion se queda pegado. Las pacientes que mejor evolucionan no son las que descubren «un truco» o «una postura nueva», son las que se dan permiso para fantasear sin censura. Sin culpa. Sin pensar en si lo aprobaría su madre, su pareja o ellas mismas a los 20.
Tres ejercicios que funcionan con la mayoría:
- El diario de fantasías: escribir, sin filtro, lo que te excitaría. No para hacerlo, solo para verlo. La mayoría se sorprende de lo que aparece.
- La hora intocable: una hora a la semana, sola, sin móvil, sin pareja. No tiene que terminar en nada. Solo conocerte.
- Decir en voz alta una cosa que te gustaría probar. A la pared si hace falta. A la pareja, si hay confianza. Pronunciarlo deja de hacerlo monstruoso.
La vergüenza heredada se desactiva nombrándola. Y nombrarla es un acto político, aunque parezca solo un acto íntimo.
Psicóloga clínica, especializada en duelo. Vengo aquí a desconectar.
Te he leído dos veces. El concepto de «vergüenza heredada» me ha noqueado.
Mi madre todavía baja la voz al decir «compresa». A mí me tocó desactivar ese gen en mí y en mis dos hijas.
Estoy de acuerdo en casi todo, salvo la parte política. Esto no debería ser política, es nuestra intimidad.
@esperanza_cabrera todo lo que afecta a las mujeres en bloque es político, te guste el término o no.
El diario de fantasías ya lo he empezado esta noche. Vaya nivel de «qué no me había permitido pensar».
Después de 3 hijos vuelvo a no reconocerme. Voy a probar la hora intocable. Y la pondré en el calendario familiar como «reunión».