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Ana Rosa, Sonsoles y el extraño consuelo de la tele de mediodía

Estoy de baja por una operación menor. Llevo ocho días en el sofá. Y he descubierto algo que no me orgullece pero también: me da igual.

La tele de mediodía es como la sopa. No te alimenta, no te emociona, pero te calienta. Ana Rosa tiene un tono de «tía mayor mandona pero educada» que me hace sentir acompañada. Sonsoles me genera más curiosidad: cómo gestionará al colaborador que opina lo contrario. Y los rifirrafes de las tertulias son el folletín que ahora mismo necesito.

No es buena televisión. No es periodismo. Es un ruido de fondo que las mujeres de mi familia llevan poniendo desde que tengo memoria, y que yo había rechazado como «televisión de abuelas» hasta esta semana.

Me estoy reconciliando con ello. Igual no es «feminista» justificar la tele basura, pero he descubierto que el desprecio a la tele de mediodía está bastante teñido de clasismo. La consumen mucho más las trabajadoras de turno partido y las que están en casa por circunstancias. Y a veces el desprecio les cae a ellas, no a Ana Rosa.

Luego me curo y volveré a poner mis podcasts. Pero mientras, una abrazo en forma de Sonsoles.

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