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Mi hijo tiene altas capacidades y no, no es una bendición pura: lo que nadie te cuenta

El día que la psicóloga del cole nos dijo «tiene un percentil 99» me preparé para la enhorabuena. Llegó: profesores felicitándonos, familia diciendo «qué suerte», grupo de WhatsApp del cole con la mezcla de admiración y recelo. Y al rato llegó lo otro, lo que no se dice.

Las altas capacidades en niñas y niños no son un superpoder. Son una neurodivergencia. Y mientras la sociedad las lee como «premio gordo», lo que pasa en casa es:

  • Aburrimiento brutal en el aula. Mi hijo terminaba sus ejercicios en 3 minutos y se le pedía que «esperara al resto». Para él, esperar es tortura. En 4º de primaria empezó a portarse mal por puro hartazgo.
  • Sensibilidad emocional fuera de escala. Llora viendo telediario, se obsesiona con la muerte a los 7, le da miedo dormir solo porque «si me duermo igual no me despierto». Esto es típico de AACC y nadie te avisa.
  • Soledad social. Sus intereses (mecánica cuántica para principiantes, historia de Roma, ajedrez) no encajan con los del recreo. Aprende rápido a fingir interés por Roblox para que le inviten.
  • Expectativas irreales. «Con su CI debería sacar 10 en todo». No. Con su CI debería poder ABURRIRSE menos. Las notas son otra cosa.
  • Burnout infantil. A los 9 años mi hijo tenía síntomas de agotamiento. NUEVE.
  • Diagnósticos cruzados. El 30-40% de AACC también tiene TDAH, TEA o dislexia. Los profesores ven «el listo» y se pierden el resto.

Lo que SÍ ha funcionado en mi casa (3 años de prueba y error):

  1. Sacarle del aula común una hora a la semana para taller específico de AACC. La Comunidad Autónoma lo cubre si insistes.
  2. Educación emocional explícita. No supone empatía por inteligencia. Hay que enseñarla.
  3. Amigos por interés, no por edad. El club de ajedrez le dio amigos de 6 años hasta 14, y le cambió la vida.
  4. Dejarle aburrirse en casa. Sin pantalla, sin propuesta. El aburrimiento es donde nace la creatividad.
  5. Terapia psicológica preventiva. No esperando a que algo se rompa. Acompañamiento continuo.

No escribo este post para quejarme. Escribo para que la próxima madre que reciba «la noticia» tenga el contrapunto. La bendición existe. La carga también. Las dos cosas son ciertas. Y necesitamos hablarlo entre nosotras sin la falsa cara de «qué afortunada».

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