Tortilla con cebolla: el debate más absurdo de mi grupo de amigas
Mi grupo de amigas lleva 11 años discutiendo lo mismo. 11. AÑOS.
Son 8 mujeres. 5 con cebolla. 3 sin. Las posiciones son irreductibles, no hay puente posible, y en cada cumpleaños se vuelve a montar. Una vez en una boda terminamos a las 4 de la mañana debatiendo si la cebolla pochada cuenta como cebolla o como otra cosa.
Mi hipótesis (sin evidencia): este debate es el desahogo socialmente aceptable de todas las cosas que NO podemos discutir. La política nos pelea. La religión nos pelea. La crianza nos pelea. La cebolla nos une, porque nos divide en bandos sin consecuencias reales.
Es nuestro Eurovisión. Nuestro Mundial. Nuestra final de Operación Triunfo.
Me encantaría saber qué bando es mayoritario en este foro. Encuesta abierta en comments.
(Para que conste: cebolla, pochada lenta, 25 minutos. Sin discusión.)
Gallega trasplantada a Madrid. Hago repostería los domingos como terapia.
Sin. La cebolla destroza la textura. Y soy de Bilbao, no me valen comentarios sobre catetismo.
CON CEBOLLA. Y la cebolla pochada CUENTA. Y a las que dicen «sin» que vivan como puedan.
Sin cebolla. Sin discusión. Punto.
Con cebolla. Y ajo. Sí, ajo. Lo que faltaba. Que me caigan los palos.
Con cebolla y poco hecha. Si llega bien dorada por fuera y babosita por dentro, has ganado la guerra.
Sin. La tortilla sin cebolla es la tortilla. Lo demás es un revuelto disfrazado.
Mi madre la hace sin y es la mejor del barrio. Sin discusión.
Como catalana: con. Las dos catalanas que sin no son catalanas.
Con. Y con pimiento verde si me apuras. Soy de Cádiz, nos da igual todo.
SIN. Mi tortilla, mis reglas, mi paz mental.
Con cebolla, pochada lenta. La cebolla cruda dentro es un crimen.
Con cebolla. Mis 3 hijos también. Mi marido sin. En casa hacemos dos tortillas. No discutimos.