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Burnout silencioso: cómo aprendí a reconocerlo

Soy psicóloga. Mi burnout más profundo lo viví yo, y tardé un año entero en darme cuenta. Por si a alguien le sirven las señales que no vi a tiempo:

  1. Dejar de disfrutar lo que disfrutabas. No es «estoy aburrida». Es «ya nada me llena». Lleva meses construyéndose.
  2. Dormir mal aunque estés cansadísima. El cuerpo te exige reposo y a la vez te impide descansar. Insomnio paradójico.
  3. Llorar por cosas pequeñas. La gota colmando un vaso que llevaba 8 meses llenándose.
  4. Postergar lo que más te importa. Las llamadas a tus mejores amigas. La cita al médico. El proyecto que te ilusionaba. Te dices «luego». El luego no llega.
  5. Cinismo nuevo. Te oyes a ti misma diciendo cosas duras sobre gente que querías. Eso no eres tú, es la fatiga hablando.
  6. Bloqueos físicos: contracturas, jaquecas raras, problemas digestivos. El cuerpo somatizando.
  7. «Estoy bien» en automático. Cuando dejas de chequearte de verdad y respondes en piloto, es la alerta más clara.

Salir de ahí me llevó 8 meses con bastante ayuda. Ni se cura con vacaciones, ni con un cambio de trabajo solo, ni con «ánimo». Necesita aire, sí, pero también cambios estructurales y, en muchos casos, terapia.

Si te estás reconociendo en cuatro o más, no esperes a cumplir los siete.

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